Con un proyecto que se ideó mientras se bañaba, Mau les ha cambiado la vida a muchos

Hoy son ya más de mil juegos transmchaussure cérémonie femme confortable svetr fox josh allen womens jersey alpargatas vflex vespa lx 50cc womens green zip up bodysuit tono cenizo oscuro sofas de lujo en piel scooter hut melbourne schubladen organizer marella outlet reloj orient titanium precio k.html jakne champion tono cenizo oscuro josh allen womens jerseyitidos. Miles de kilómetros recorridos, miles de historias…

A diferencia del resto, él no llegó a Vive Siete, Vive Siete llegó a él.

Fue mientras se daba un baño que la inquietud germinó.

Esa idea ha crecido exponencialmente desde el 1 de abril de 2018, cuando vio formalmente la luz el proyecto de Mauricio Abraham Chávez Pérez.

Hay que ir al pasado para entender el presente. El amor por el balón comenzó desde “muy chiquito, cuando acompañaba a ver jugar a mi papá y a mi hermano (el escritor Adrián Chávez -el del sorbito de té en TikTok-). También ahí empecé a jugar en las categorías de mi hermano, que es mayor que yo; metía goles, pero me gritaban ‘sube y baja’, y yo me confundía, porque no veía desniveles en la cancha, hasta que mi papá me explicó todo y de ahí no dejé de jugar hasta la fecha”.

El otro amor o pasión de Mauchz, Mau o don Patrón son los medios de comunicación y la producción. En sus años de escuela, trabajó en el Tec de Monterrey: “Era de los encargados de transmitir juegos de futbol americano de los Borregos, y seguíamos al equipo por diferentes campus. De ahí me enamoré del ambiente y, junto con un amigo, comenzamos a hacerlo de manera independiente”.

Con esa base, a sus escasos 25 años, ideó un proyecto que le cambió la vida, y de paso a todos los que le rodean.

“Vive Siete llegó a mí. Un día bañándome me surgió la idea y la estuve trabajando tres o cuatro meses para conseguir lo necesario para transmitir los primeros juegos. Al principio era en ligas donde yo jugaba o tenía conocidos, y luego se fue haciendo más grande hasta llegar a lo que somos ahora”.

Viéndolo hoy podría sonar sencillo decir que es un proyecto que ya ha transmitido desde escenarios imponentes como el Estadio Azteca, el Estadio Azulgrana, la Bolt Arena o el Estadio Olímpico de Helsinki, pero, para llegar a ello, hay que picar piedra, recorrer las calles y barrios de México, y aprender, a veces, a la mala.

“Creo que lo que más me impactó es cómo un proyecto propio puede tomar relevancia e importancia para otras personas. Es impresionante el impacto que tiene lo que hacemos en la gente que trabaja con nosotros, en la gente que transmitimos y en la gente a la que le llegan las transmisiones. Gracias a Vive hemos entrado a miles de personas sin siquiera saberlo y lo que implica para ellos estar cerca de sus familiares”.

Por un lado, los que llegan a Vive Siete lo hacen tocando la puerta. Y esa puerta se abre de par en par. Muchos llegan pidiendo una oportunidad, un espacio y Vive Siete (y Mauricio, en específico) se los brinda. Muchos y muchas aseguran que les ha cambiado la vida; hablan de tener la oportunidad de tomar un micrófono, de ganar mayor confianza, del compañerismo y de la competencia sana.

Por otro lado están lo jugadores. “Siempre digo que lo que transmitimos es el futbol en su estado más puro en muchos aspectos del deporte y eso es digno de voltear a ver”. Por Vive Siete han pasado Liga TDP, Liga Premier FMF, torneos juveniles nacionales e internacionales de menores de edad, campeonatos nacionales universitarios de basquetbol, futbol bardas y tenis-balón, ligas de futbol 7, entre otras competencias. Todas ellas tienen un denominador común: son jóvenes intentando sobresalir y llegar a lo más alto.

Muchos de estos atletas dejan sus hogares para ir en busca de sus sueños, y Vive Siete ha sido la posibilidad de, a lo lejos, ver el crecimiento personal de cada uno de ellos. Desde Chile, Alemania, Colombia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Argentina, entre muchos otros países, además de todos los rincones de México, se han hecho presentes en las transmisiones para apoyar a sus seres queridos.

No sólo eso, los juegos, los videos, los reels, han servido para que, en algunos casos, jóvenes consigan becas deportivas; en otros, como parte de demos de trabajo.

Sin embargo, también está la parte del aprendizaje doloroso. “Hay un antes y un después como persona y laboralmente. He aprendido mucho de la vida en general, lo que implica estar al frente de un grupo y todo lo que significa eso”, señala y agrega que “aprendí a confiar, a aceptar que hay cosas que no están en mis manos, a delegar, ya que era y sigo siendo muy aprehensivo; a que me jugaran chueco, amigos o clientes, y se me hizo la piel más gruesa, pero trato de seguir confiando, y sin duda siempre ha sido un motivo para salir adelante por mí y por los que creyeron en mis locuras”.

Alrededor de 40 personas han pasado por Vive Siete. Es, además de la primera oportunidad para muchos, un trabajo, un ingreso y currículum, y también es un lugar de compañerismo, de tender la mano, de crecer juntos. Mau destaca del proyecto “la unidad, pues es una especie de familia, casi como una hermandad; es un lugar seguro, que, a donde voltees, alguien te va a dar una mano y a apoyar”.

El efecto de V7 también le cambió la vida a Mau. “En lo personal me ha cambiado todo. Soy totalmente otra persona, pero en lo que más lo aplico es en superar mis problemas mentales. Desde los 18 años tengo un trastorno de ansiedad generalizada y, cuando siento que ya no puedo, me pongo a pensar en todas las personas que el proyecto ha ayudado de alguna u otra forma y que, al estar al frente, nada se detiene”.

Añade que “puedes tener un ataque de pánico un día antes, pero sabes que al otro día el cliente, el jugador y el familiar esperan una buena transmisión y te lleva a dar la mejor versión de ti. Me ayuda y me ha ayudado a salir adelante en los momentos más complicados. Y lo más importante: creo que con trabajo todos los sueños se pueden cumplir. Es algo que tengo que agradecerle a mi papá (José Manuel) y a mi mamá (Pilar), que siempre me enseñaron que, con trabajo, se consigue todo”.

Y como el trabajo es la clave del éxito, a la par también es proveedor de edición de audio y video, además de ser freelancer para algunas empresas, y eso lo hace, además, combinando hogar entre el Estado de México y Puebla, donde juega su pareja, Samantha Martínez. No obstante, si de trabajo se habla, Vive es su pasión: “No es lo mismo grabar, narrar y compartir en redes un gol de un chavo, que mandarle un diseño a una empresa enorme que ni el gerente se va a enterar de que existe ese video o diseño”.

Aun así, él entiende que se debe “seguir mejorando como persona, que eso es algo que te abre las puertas en todos lados”. También, “seguir aprendiendo a disfrutar el momento y las personas que comparten los mismos, como mi familia, mi novia y mis amigos”.

Hoy ya son cinco años y medio del proyecto que comenzó en una regadera. Hoy son ya más de mil juegos transmitidos. Miles de kilómetros recorridos, miles de goles, miles de historias, miles de personas intentando lograr sus metas de vida, y un puñado de locos buscando destacar en los medios.

A sus sólo 30 años, Mau es un factor de cambio a su alrededor. Quizá no lo sabe, o tal vez sí, pero muchas y muchos lo llevarán siempre en la mente como un punto de inflexión en sus vidas, y ganarse ese espacio, sólo pocos.

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